Eran aproximadamente las cinco de la tarde cuando el Volkswagen Polo azul mate se escabullía entre las montañanas rocosas siguiendo el color asfaltado de la carretera que nos guiaba por el macizo del Harz. No sabíamos muy bien por que zona nos encontrábamos, pero tampoco le dimos mucha importancia. Erik estaba haciendo el idiota con sus gafas de sol en el asiento del copiloto mientras Isabella le reía sus grácias con una risa que me sonaba bastante estúpida. La miré por el retrovisor. Se besaron justo ayer, durante su expedición para buscar agua en el arroyo más cercano. Yo vigilaba el fuego en algún claro de ese bosque alemán. Llevábamos ya casi una semana de vacaciones por la montaña, durmiendo los tres en una tienda de campaña que a mi parecer, no aguantaría mucho más tiempo dandonos cobijo. Erik y yo hacía dos veranos que conocimos a Isabella en unas vacaciones en Munich. Desde el primer momento nos pareció guapa a los dos, pero con el tiempo cojimos confianza con ella y ya la veíamos como a una buena amiga, sin ningun tipo de atracción extraña.
No estaba celoso, o quizás si. No estaba ofendido, o quizás si. Quiero decir, Isabella era nuestra amiga, ya está.No veía la necesidad de que Erik y ella comenzaran a jugar a ser una pareja de kumbayás en la montaña, conmigo por en medio.
"Para aquí, tio"-me dijo Erik "Me estoy meando".
El lugar donde aparqué quedaba a la derecha de la carretera, justo al lado de un pantano. Mientras Erik caminaba en dirección opuesta a la nuestra, Isabella y yo nos quedamos mirando el agua del pantano sin decir nada, rodeados de altas montañas rocosas y acantilados. Hacía un poco de frío, pero aún así, el sol brillaba en lo alto.
No se cuanto tiempo estuvimos allí, ni cuando volvió exactamente Erik. Solo se que esos instantes se me hicieron eternos. Nadie decía nada. Mire a mi derecha y los vi apoyados en una especie de guardarrail besandose.
Como si de un acto reflejo se tratase, al ver esa escena, de mi boca salió un "Vamonos, que si no no llegamos" que dije casi sin querer. La pareja me miró, Isabella sonrió y se levantaron. Montamos los tres en el automóvil al unísono. Arranqué dejando una densa nube de polvo y me coloqué en la carretera, todavía desierta. Mientras Erik bajaba su ventanilla, encendí la radio. Los primeros acordes de "Jenny Jenny" de los Sonics comenzaban a sonar. Subí el volumen, por fin algo de buena música. Erik me miró sabiendo que me chiflaba ese tema y sonriendo dijo que alegrara esa cara, que estabamos de vacaciones. "Menos mal", respondí, y a la vez que fruncí el entrecejo, pise el acelerador del vehículo.
domingo, 19 de julio de 2009
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