Me despierta el ruido de tu cafetera que proviene de la cocina. Perezoso, bostezo y observo la cama de matrimónio del piso de París: edredón blanco a conjunto con las cortinas y las paredes de la habitación. A mi lado, una mesita de noche con un radio-despertador de la década de los noventa. Pienso que eres una hija de esos "nuevos ricos", que ha amueblado su piso con aires "minimalistas", acorde con lo que se lleva en las revistas de decoración del hogar. Me da igual, no puedo quejarme: me invitaste a cenar y a besarte el cuello de postre, no puedo pedir más. Salgo de un salto de la cama y camino el corto trayecto que hay del dormitorio a la cocina, vestido solo con unos bóxers blancos y demasiado largos. "Buenos días" te digo mientras bostezo de nuevo. "Quieres tostadas?" respondes tu sin girarte si quiera a mirarme. Te las pido con mermelada de arándanos, mientras no dejo de mirar tu espalda, cubierta apenas con esa espécie de camisón rosa. Me encanta tu espalda. Creo que te lo dije como unas cincuenta veces ayer entre cervezas, canciones de pop baratas (no vuelvas a llevarme a ese local) y polvos. Me acerco a ti. Al fin te giras y me das un beso, como si fueramos una pareja o algo así.
Nos sentamos en la mesa de cahoba, sin decirnos nada. El maldito café quema, así que te pregunto que tiempo hace fuera, para que no se me haga tan larga la demora causada por el café. "Llueve"- me dices en tu inglés afrancesado-"llueve a ratos, a veces deja de llover, pero el sol no sale por ninguna parte"."El sol eres tu, y estás aqui dentro". Sonríes timidamente. Tras una larga espera sin decirnos nada, me preguntas que cuando tengo que vovler a Barcelona. Lo sabes de sobras; "Esta tarde tendría que merendar ahí, el vuelo sale en tres horas". Termino de desayunar y me levanto a depositar los bártulos del desayuno en el lavaplatos. Te pregunto si puedo tomar una ducha, y te invito a que la tomes conmigo si quieres. No parece que el comentário te haga mucha grácia. Sin girarte (para variar) me dices que me quede, que Barcelona puede esperar. Me quedo callado, hago como si no te hubiera escuchado.
Salgo de la ducha y me visto con un polo Fred Perry y unos Levi's 501 demasiado viejos. Te miro desde el baño y yaces en el sofá aburrida, viendo algún programa que carece de interés. Cuando he recojido mi maleta, me dispongo a sentarme unos minutos contigo. Me pides de nuevo que me quede, que Barcelona puede esperar, que un domingo por la mañana es fatal para volar, y que podemos escuchar Bob Dylan mientras damos vueltas de campana entre las sábanas. Hago como si no me immutara. Te beso en la mejilla y te digo que el fin de semana ha sido cojonudo, que seguimos en contacto, "Sabes que tienes cama en Barcelona". Te quedas callada, cierro la puerta y cojo el ascensor. Fuera llueve, demasiado, y tiene toda la pinta de no parar. Recuerdo que he dejado al sol en tu piso, que Bob Dylan siempre es bueno para escucharlo en casa y que quizás tengas razón en eso de que los domingos no están hechos para volar. Llamo a tu telefonillo: "Creo que Barcelona puede esperar".
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Muy serio tio, la verdad es k no me esperaba algo asi, me ha sorprendido muxo, y para bien la verdad, espero k sigas escribiendo pork realmente es de lo poco productivo k hago ultimamente, leer cosas como esto.
ResponderEliminarY te estreno el blog tioooooooo jojojo A ver si pruebo suerte con algo de este estilo tambien.
Esk mas dejao sin palabras tio! Justo cuando menos inspiracion y motivacion tengo yo para escribir (y de hecho para todo lo demas igual..) veo esto y joder tio, inspira muxo, a ver si sigues deleitando al gran publico! xD